SE ESTAN EXTINGUIENDO LAS LAGARTIJAS EN EL MUNDO POR CALENTAMIENTO GLOBAL

LAGAR13 MAYO 2010. Un estudio publicado esta semana en la prestigiosa revista Science, en el cual participaron investigadores del Conicet, demuestra que el calentamiento global está llevando a la extinción a lagartijas y especies de saurios a nivel mundial.

El estudio, liderado por Barry Sinervo, de la Universidad de California en Santa Cruz, y en el que participaron 26 científicos de 12 países (Estados Unidos, México, Colombia, Brasil, Perú, Chile, Argentina, Finlandia, Francia, España, Sudáfrica y Australia), concluye con la alarmante predicción de que si no disminuimos la actual tasa de emisiones de CO2, para 2080 se habrá extinguido un 20 por ciento de las especies de lagartijas del planeta. Esto representa cerca de 1300 especies sin tener en cuenta las que aún no han sido formalmente descritas y nombradas, y que podrían desaparecer incluso antes de ser conocidas por la ciencia.
El trabajo se titula: “Erosión de la diversidad de lagartijas por el cambio climático y nichos térmicos alterados”. En inglés: “Erosion of lizard diversity by climate change and altered thermal niches”.
Mariana Morando, Luciano Javier Ávila y Nora Ibargüengoytia, investigadores del Conicet, participaron del estudio publicado en Science. Los dos primeros trabajan en el Centro Nacional Patagónico (CENPAT) de Puerto Madryn. Nora Ibargüengoytia, por su parte, es investigadora en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA) y en el Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB) de la Universidad Nacional del Comahue.
El estudio de las lagartijas se suma a otro caso documentado de disminución y extinción de poblaciones a gran escala y con independencia del nivel de protección de los hábitats, que es el de los anfibios. Estos últimos están afectados principalmente por la expansión de un hongo patógeno que causa una enfermedad mortal para muchas especies, y cuya relación con el cambio climático es todavía tema de debate entre los científicos.
También murciélagos, aves y muchos otros tipos de organismos terrestres y acuáticos están siendo afectados, directa o indirectamente, por el rápido calentamiento global. Las estrategias para adaptarse pasan por cambios en la distribución geográfica de las especies, sea por medio de desplazamientos latitudinales o altitudinales. Así ha sido siempre durante los cambios climáticos acaecidos a lo largo de la historia de la vida.
No obstante, la intervención humana del paisaje hace tales movimientos más difíciles, cuando no imposibles. Otra estrategia de las especies es introducir cambios en sus ritmos y épocas de ciclos vitales como la reproducción, o en el comportamiento. Pero las especies incapaces de adaptarse en una u otra forma están destinadas a extinguirse. Este es el caso de un gran número de lagartijas de los cinco continentes: las limitaciones intrínsecas de su fisiología y comportamiento les impiden responder con celeridad al ritmo actual del incremento de las temperaturas.
Aunque poco populares en comparación con osos panda, ballenas o elefantes, dentro del campo de la zoología de vertebrados, las lagartijas son organismos modelo por su capacidad de adaptación a diferentes ambientes y su gran dependencia de la temperatura y radiación solar, por lo que son utilizados habitualmente en estudios ecológicos y fisiológicos. Hasta el momento se han descrito más de 5100 especies en todo el mundo, y en algunos ambientes áridos y semiáridos forman una gran parte de la biomasa, jugando un papel importante en las redes tróficas como presas y depredadores.
El estudio publicado por Science comenzó cuando Sinervo detectó, en colaboración con Benoit Heulin y Jean Clobert (CNRS, Francia) y Donald Miles (Universidad de Ohio, USA), que ciertas poblaciones de la lagartija de turbera (Zootoca vivipara) de Francia habían desaparecido.
Igualmente, al estudiar con otros investigadores 48 especies de lagartijas mexicanas del género Sceloporus, con las que otros científicos habían trabajado anteriormente, descubrió que muchas especies habían desaparecido local o completamente, pese a que su hábitat permanecía aparentemente intacto.
Entre los años 2006 y 2009 comprobaron que en 200 localidades estudiadas en México, entre los años 1975 y 1995, el 12 por ciento de las poblaciones locales de Sceloporus se había extinguido y en algunas zonas este valor llegaba al 80 por ciento. Desarrollaron entonces un modelo artificial de lagarto con microchips para medir la temperatura operativa en diferentes condiciones durante cuatro meses, tanto en localidades donde las poblaciones habían sobrevivido como donde se habían extinguido, obteniendo resultados concluyentes: en los lugares donde se habían producido extinciones, los lagartos no habrían tenido tiempo de alimentarse ni reproducirse adecuadamente, dado que las altas temperaturas los obligarían a pasar la mayor parte del tiempo en sus refugios. El siguiente paso fue desarrollar un modelo matemático de riesgo de extinción en el que intervenían, por un lado, variables climáticas y, por otro, variables fisiológicas relacionadas con la regulación térmica de los reptiles.
Los resultados fueron extensamente validados con trabajo de campo posterior en Francia y México, viéndose que el modelo predecía perfectamente lo que ya era posible comprobar empíricamente. En algunos casos, la extinción era más rápida de lo esperado porque una especie capaz de adaptarse eliminaba por competencia a la que no lo era.
Por último, quedaba recopilar datos de temperaturas y de fisiología térmica de saurios abarcando el mayor número posible de sitios y de especies, para así poder hacer predicciones globales.
Se utilizaron mapas detallados de distribución de las especies y de temperaturas máximas del aire presentes y pasadas, así como proyecciones futuras basadas en modelos climáticos, asumiendo que la tasa actual de emisiones de CO2 debida a actividades humanas continuará. Las predicciones se validaron con observaciones de extinción local de poblaciones en cuatro continentes, con datos para 1216 poblaciones de 587 especies repartidas en 34 familias de saurios. Madagascar parece ser un punto caliente de extinción, con un 21% de poblaciones extintas en reservas naturales.
Se prevé que las especies que ya están experimentado pérdida de poblaciones locales son las más proclives a extinguirse. Muchas de las extinciones que el modelo predice para 2080 –una gran parte en las regiones montañosas tropicales– podrían ser evitadas si se tuviera éxito en reducir la emisiones globales de CO2, pero el escenario para 2050 es seguramente inevitable. Sinervo y sus colaboradores están siendo testigos de extinciones locales cada año. Así, el mensaje de este estudio es grave e incómodo: las extinciones debidas al cambio climático no son cosa del futuro, están ocurriendo ya.
La pérdida de diversidad de lagartijas tendrá consecuencias en cascada para toda la cadena alimentaria, dado que estos reptiles son presa frecuente de un gran número de depredadores (mamíferos, aves, otros reptiles), y a su vez ellos depredan activamente sobre invertebrados y pequeños vertebrados.
Es lamentable que, cuando aún no se conocen bien las relaciones evolutivas de Liolaemus y quedan muchas especies por descubrir y describir, estas lagartijas podrían estar experimentando ya una pérdida importante de su diversidad, al igual que ocurre con los anfibios. Además, el modelo predice el doble de riesgo de extinción para las especies de saurios vivíparas frente a las ovíparas.
Naturalmente, los modelos como el presentado en este estudio tienen sus limitaciones y están sujetos a una serie de presupuestos de partida, pero no son especulativas, pues se basan en datos empíricos, con predicciones validadas y, si bien en muchos casos las especies podrían no ajustarse a él por diversas razones, en otros casos, otras fuerzas actuando indirectamente y no consideradas podrían dejar cortas las predicciones.

El estudio, liderado por Barry Sinervo, de la Universidad de California en Santa Cruz, y en el que participaron 26 científicos de 12 países (Estados Unidos, México, Colombia, Brasil, Perú, Chile, Argentina, Finlandia, Francia, España, Sudáfrica y Australia), concluye con la alarmante predicción de que si no disminuimos la actual tasa de emisiones de CO2, para 2080 se habrá extinguido un 20 por ciento de las especies de lagartijas del planeta. Esto representa cerca de 1300 especies sin tener en cuenta las que aún no han sido formalmente descritas y nombradas, y que podrían desaparecer incluso antes de ser conocidas por la ciencia.

El trabajo se titula: “Erosión de la diversidad de lagartijas por el cambio climático y nichos térmicos alterados”. En inglés: “Erosion of lizard diversity by climate change and altered thermal niches”.

Mariana Morando, Luciano Javier Ávila y Nora Ibargüengoytia, investigadores del Conicet, participaron del estudio publicado en Science. Los dos primeros trabajan en el Centro Nacional Patagónico (CENPAT) de Puerto Madryn. Nora Ibargüengoytia, por su parte, es investigadora en el Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA) y en el Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB) de la Universidad Nacional del Comahue.

El estudio de las lagartijas se suma a otro caso documentado de disminución y extinción de poblaciones a gran escala y con independencia del nivel de protección de los hábitats, que es el de los anfibios. Estos últimos están afectados principalmente por la expansión de un hongo patógeno que causa una enfermedad mortal para muchas especies, y cuya relación con el cambio climático es todavía tema de debate entre los científicos.

También murciélagos, aves y muchos otros tipos de organismos terrestres y acuáticos están siendo afectados, directa o indirectamente, por el rápido calentamiento global. Las estrategias para adaptarse pasan por cambios en la distribución geográfica de las especies, sea por medio de desplazamientos latitudinales o altitudinales. Así ha sido siempre durante los cambios climáticos acaecidos a lo largo de la historia de la vida.

No obstante, la intervención humana del paisaje hace tales movimientos más difíciles, cuando no imposibles. Otra estrategia de las especies es introducir cambios en sus ritmos y épocas de ciclos vitales como la reproducción, o en el comportamiento. Pero las especies incapaces de adaptarse en una u otra forma están destinadas a extinguirse. Este es el caso de un gran número de lagartijas de los cinco continentes: las limitaciones intrínsecas de su fisiología y comportamiento les impiden responder con celeridad al ritmo actual del incremento de las temperaturas.

Aunque poco populares en comparación con osos panda, ballenas o elefantes, dentro del campo de la zoología de vertebrados, las lagartijas son organismos modelo por su capacidad de adaptación a diferentes ambientes y su gran dependencia de la temperatura y radiación solar, por lo que son utilizados habitualmente en estudios ecológicos y fisiológicos. Hasta el momento se han descrito más de 5100 especies en todo el mundo, y en algunos ambientes áridos y semiáridos forman una gran parte de la biomasa, jugando un papel importante en las redes tróficas como presas y depredadores.

El estudio publicado por Science comenzó cuando Sinervo detectó, en colaboración con Benoit Heulin y Jean Clobert (CNRS, Francia) y Donald Miles (Universidad de Ohio, USA), que ciertas poblaciones de la lagartija de turbera (Zootoca vivipara) de Francia habían desaparecido.

Igualmente, al estudiar con otros investigadores 48 especies de lagartijas mexicanas del género Sceloporus, con las que otros científicos habían trabajado anteriormente, descubrió que muchas especies habían desaparecido local o completamente, pese a que su hábitat permanecía aparentemente intacto.

Entre los años 2006 y 2009 comprobaron que en 200 localidades estudiadas en México, entre los años 1975 y 1995, el 12 por ciento de las poblaciones locales de Sceloporus se había extinguido y en algunas zonas este valor llegaba al 80 por ciento. Desarrollaron entonces un modelo artificial de lagarto con microchips para medir la temperatura operativa en diferentes condiciones durante cuatro meses, tanto en localidades donde las poblaciones habían sobrevivido como donde se habían extinguido, obteniendo resultados concluyentes: en los lugares donde se habían producido extinciones, los lagartos no habrían tenido tiempo de alimentarse ni reproducirse adecuadamente, dado que las altas temperaturas los obligarían a pasar la mayor parte del tiempo en sus refugios. El siguiente paso fue desarrollar un modelo matemático de riesgo de extinción en el que intervenían, por un lado, variables climáticas y, por otro, variables fisiológicas relacionadas con la regulación térmica de los reptiles.

Los resultados fueron extensamente validados con trabajo de campo posterior en Francia y México, viéndose que el modelo predecía perfectamente lo que ya era posible comprobar empíricamente. En algunos casos, la extinción era más rápida de lo esperado porque una especie capaz de adaptarse eliminaba por competencia a la que no lo era.

Por último, quedaba recopilar datos de temperaturas y de fisiología térmica de saurios abarcando el mayor número posible de sitios y de especies, para así poder hacer predicciones globales.

Se utilizaron mapas detallados de distribución de las especies y de temperaturas máximas del aire presentes y pasadas, así como proyecciones futuras basadas en modelos climáticos, asumiendo que la tasa actual de emisiones de CO2 debida a actividades humanas continuará. Las predicciones se validaron con observaciones de extinción local de poblaciones en cuatro continentes, con datos para 1216 poblaciones de 587 especies repartidas en 34 familias de saurios. Madagascar parece ser un punto caliente de extinción, con un 21% de poblaciones extintas en reservas naturales.

Se prevé que las especies que ya están experimentado pérdida de poblaciones locales son las más proclives a extinguirse. Muchas de las extinciones que el modelo predice para 2080 –una gran parte en las regiones montañosas tropicales– podrían ser evitadas si se tuviera éxito en reducir la emisiones globales de CO2, pero el escenario para 2050 es seguramente inevitable. Sinervo y sus colaboradores están siendo testigos de extinciones locales cada año. Así, el mensaje de este estudio es grave e incómodo: las extinciones debidas al cambio climático no son cosa del futuro, están ocurriendo ya.

La pérdida de diversidad de lagartijas tendrá consecuencias en cascada para toda la cadena alimentaria, dado que estos reptiles son presa frecuente de un gran número de depredadores (mamíferos, aves, otros reptiles), y a su vez ellos depredan activamente sobre invertebrados y pequeños vertebrados.

Es lamentable que, cuando aún no se conocen bien las relaciones evolutivas de Liolaemus y quedan muchas especies por descubrir y describir, estas lagartijas podrían estar experimentando ya una pérdida importante de su diversidad, al igual que ocurre con los anfibios. Además, el modelo predice el doble de riesgo de extinción para las especies de saurios vivíparas frente a las ovíparas.

Naturalmente, los modelos como el presentado en este estudio tienen sus limitaciones y están sujetos a una serie de presupuestos de partida, pero no son especulativas, pues se basan en datos empíricos, con predicciones validadas y, si bien en muchos casos las especies podrían no ajustarse a él por diversas razones, en otros casos, otras fuerzas actuando indirectamente y no consideradas podrían dejar cortas las predicciones.

FUENTE: CONICET ARGENTINA

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